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23.2 LA PERFUSIÓN


23.2 PERFUSIÓN

Perfusión es la circulación adecuada de sangre y oxigeno del aparato cardiovascular a todas las células en diferentes tejidos y órganos en el cuerpo.  También es parte importante del proceso mediante el cual se eliminan los productos de desecho producidos por las células.  El choque o hipoperfusión, se refiere a un proceso de colapso de insuficiencia del aparato cardiovascular, que conduce a una circulación inadecuada.  Como en el caso de la hemorragia interna, el choque es una amenaza oculta subyacente, causada por un trastorno médico o una lesión traumática.  Sin embargo, puede reconocer los signos de choque antes, e preparar el tratamiento poco después de iniciarse.

La circulación inadecuada puede conducir a la muerte celular; para proteger a los órganos vitales, el organismo intenta compensarse, dirigiendo el flujo de sangre de órganos que son más tolerante al flujo bajo, como la piel y el intestino, a órganos que no pueden tolerar un flujo reducido como el corazón, el encéfalo y los pulmones.  Si los trastornos que causan el choque no se atienden con rapidez, el paciente puede morir pronto.

El aparato cardiovascular está constituido por tres partes: bomba o corazón, un conjunto de tubos o vasos sanguíneos y el contenido del contenedor o sangre.  Estas tres partes se conocen como el triángulo de la perfusión.  Cuando un paciente está en choque, uno o más de los tres lados, no está trabajando de manera correcta.

La sangre es el vehículo para el traslado del oxígeno y los nutrientes a través de los vasos, hacia los lechos capilares, donde estos suministros son cambiados por productos de desechos.  La sangre continua en movimiento como resultado de la presión que es generada por las contracciones del corazón, y afectada por la dilatación y contrición de los vasos.  Esta presión llamada tensión arterial, suele ser cuidadosamente controlada por el cuerpo en forma tal que siempre hay suficiente circulación o perfusión, en los diversos órganos y tejidos.  La tensión arterial es de hecho, una medición aproximada de la perfusión.

Recuerde que la tensión arterial es en realidad la presión de la sangre dentro de los vasos a todo momento.  La presión sistólica es el punto máximo de la tensión o presión arterial, generada, cada vez que el corazón se contrae;  la presión diastólica es la presión que se mantiene dentro de las arterias mientras el corazón reposa entre los latidos.

El flujo sanguíneo a través de los lechos capilares, es regulado por los esfínteres capilares o paredes musculares circulares, que se contraen y dilatan.  Estos esfínteres, están bajo el control del sistema nervioso autónomo, el cual regula funciones involuntarias como la sudoración y la digestión.  Los esfínteres capilares también responden a otros estímulos, como el calor, el frío, la necesidad de oxígeno y la necesidad de eliminación de las sustancias de desecho.  Tenga en cuenta que bajo circunstancias normales no todas las células tienen las mismas necesidades al mismo tiempo.

Por ejemplo: el estómago y los intestinos tienen una alta necesidad de flujo sanguíneo cuando se come, y después de esto, cuando la digestión está a su nivel más alto.  Entre las comidas el flujo de sangre disminuye y se deriva a otras áreas.  El encéfalo, en contraste, necesita para funcionar un abastecimiento constante y consistente de sangre.

Así, la regulación del flujo sanguíneo es determinada por la necesidad celular que se alcanza por contrición y dilatación vascular.  El mantenimiento del flujo sanguíneo, o perfusión, se logra con el trabajo conjunto del corazón y los vasos sanguíneos.

Sin embargo, la perfusión requiere de más que de solamente el trabajo del aparata cardiovascular.  También precisa de un intercambio adecuado de oxígeno en los pulmones, nutrientes apropiados bajo la forma de glucosa en la sangre y de eliminar adecuadamente los desechos, sobre todo por los pulmones.  El dióxido de carbono es uno de los principales productos de desecho de la actividad celular o metabolismo en el cuerpo, y es retirado por los pulmones.  Esta es la razón por la cual, la ventilación y la oxigenación correcta es una de sus mayores preocupaciones.  El cuerpo tiene mecanismos establecidos para ayudar a soportar los aparatos, respiratorio y cardiovascular, cuando aumenta la necesidad de perfusión de los órganos vitales.  Estos mecanismos, que incluyen al sistema nervioso autónomo y a ciertas sustancias químicas llamadas hormonas, son desencadenados cuando el organismo siente que está fallando la presión en el sistema.

La parte simpática del sistema nervioso autónomo que es el responsable de la respuesta de pelear o huir, asumirá mayor control de las funciones del cuerpo durante un estado de choque.  Esta respuesta del sistema nervioso autónomo, causara la liberación de hormonas como la adrenalina.  Estas hormonas causan cambios en ciertas funciones corporales, como un aumento de la frecuencia cardíaca y en la fuerza de las contracciones del corazón y vaso-constricción en ares no esenciales, principalmente la piel y las vías gastrointestinales o vaso constricción periférica.  Estas acciones juntas, están diseñadas para mantener la presión en el sistema y como resultado la perfusión en los órganos vitales.

Por último, hay un desplazamiento de líquidos corporales para ayudar a mantener la presión dentro del sistema.  Sin embargo, la repuesta del sistema nervioso  autónomo y las hormonas se produce en segundos, es esta respuesta la que causa todos los signos y síntomas de choque en un paciente.

Los vasos sanguíneos y la sangre


Los vasos sanguíneos y la sangre

Hay cinco tipos de vasos sanguíneos

  • Arterias
  • Arteriolas
  • capilares
  • Vanas
  • Vénulas

Al fluir la sangre fuera del corazón, pasa a la aorta, que es la arteria más grande del cuerpo.  Las arterias van haciéndose cada vez menores o más pequeñas al irse alejando del corazón; los vasos más pequeños que conectan las arterias y los capilares se llamas arteriolas.  Los capilares son tubos pequeños con el diámetro del tamaño de un glóbulo rojo simple, que pasan entre las células del cuerpo, conectando las arteriolas  y las vénulas.  La sangre que sale del lado distal de los capilares fluye  hacia el interior de las vénulas,  estos vasos pequeños de pared delgada, se vacían en las venas, y a su vez lo hacen en la vena cava.  Este es el proceso que retorna la sangre al corazón en el lado venoso del aparato circulatorio.  El oxígeno y los nutrientes pasan con facilidad de los capilares a las células, de igual forma los desechos y el dióxido de carbono se mueven hacia afuera de las células u al interior delos capilares.

Este sistema de transporte permite que el organismo se deshaga de productos de desecho.

En los extremos arteriales de los capilares, y en las propias articulaciones, hay paredes musculares circulares que se constriñen y dilatan bajo el control del sistema nervioso autónomo.  Cuando se dilatan, la sangre pasa a los capilares en proximidad a cada célula del tejido circundante;  cuando se cierran o contraen, no hay flujo sanguíneo capilar.  Los músculos de los vasos sanguíneos se dilatan y contraen en respuesta a ciertas condiciones como por ejemplo: el temor, el calor,  el frio o necesidades específicas de oxígeno así como también, la necesidad de eliminar los desechos metabólicos.  En un individuo sano, los vasos nunca están completamente dilatados ni totalmente contraídos al mismo tiempo.

El último componente del aparato cardiovascular es la sangre  (el contenido del contenedor).  La sangre tiene glóbulos rojos o eritrocitos,  glóbulos blancos o leucocitos, plaquetas y un líquido llamado plasma.  

Como se expuso en el capítulo del cuerpo humano, los glóbulos rojos son responsables transportar el oxígeno a las células y del transporte del dióxido de carbono, o producto de desecho del metabolismo celular, hacia afuera de las células  de los pulmones, donde es espirado y retirado del cuerpo.

Las plaquetas son responsables de la formación de coágulos sanguíneos.  En el organismo se forma un coagulo de sangre dependiendo de uno de los siguientes principios: estasis de la sangre, cambios en la pared vascular como en una herida y la capacidad de la sangre de coagularse, debido a un proceso patológico o por un medicamento.  Cuando se produce una lesión en los tejidos del cuerpo, las plaquetas comienzan a acumularse en el sitio de la lesión; esto causa que los glóbulos se vuelvan pegajosos y se junten formando grupos.  Cuando estos comienzan a aglutinarse, otra sustancia en el organismo, llamada fibrinógeno, los refuerza.  Este es el paso final en la formación de un coágulo sanguíneo.  Los coágulos sanguíneos son una respuesta importante del cuerpo para controlar la pérdida de sangre.  Algunas enfermedades que interfieren con el proceso normal de coagulación las veremos más adelante.

El sistema nervioso autónomo, vigila las necesidades del cuerpo de momento a momento y ajusta el flujo sanguíneo, adaptando el tono vascular, según se requiera.  Durante situaciones de urgencia, el sistema nervioso autónomo, redistribuye a sangre automáticamente, disminuyéndola de otros órganos hacia el corazón, el encéfalo, los pulmones y los riñones.  De esta forma, el aparato cardiovascular es dinámico y se adapta de manera constate a las condiciones cambiantes del organismo para mantener la homeostasis y la perfusión.  En ocasiones cuando el sistema falla al proporcionar circulación suficiente para que cada parte realice su propia función,  este trastorno se llama hipoperfusión o choque.

Traumatismos craneoencefálicos


Traumatismos craneoencefálicos

El encéfalo está situado dentro del cráneo y bien protegido, Sin embargo, cuando la cabeza es lesionada por un traumatismo, se puede producirse una lesiono oculta en el encéfalo.  Este se puede lesionar o desgarrar lo cual causa una o varias hemorragias.  Los vasos sanguíneos alrededor del encéfalo, también se pueden desgarrar y producir hemorragias.  Las hemorragias e hinchazones dentro del cráneo por lesión del encéfalo son con frecuencia una amenaza para la vida.  Algunos pacientes no tendrán signos ni síntomas ocultos obvios de lesión del encéfalo, hasta minutos u horas después de que la lesión se ha producido.

Intervenciones para el buceo


Intervenciones para el buceo

Al tratar a pacientes de los que se sospecha embolia gaseosa o enfermedad por descompresión, deberá seguir los siguientes pasos de tratamiento aceptado:

  1. Rescate al paciente del agua e intente mantener al paciente calmado.
  2. Inicie el SVB y administre oxígeno.
  3. Coloque al paciente en posición recostada del lado izquierdo con la cabeza hacia abajo.
  4. Proporcione transporte rápido a la instalación más cercana de descompresión para su tratamiento.

Las lesiones debidas a enfermedad por descompresión, por lo general son reversibles con el tratamiento adecuado.  No obstante, si las burbujas bloquean vasos sanguíneos críticos, que irrigan al cerebro o a la médula espinal, puede producirse un daño permanente en el sistema nervioso central.  Por lo tanto, la clave en el manejo de urgencia de estos problemas graves de ascenso es reconocer que existe una emergencia y tratarlo lo más pronto posible.  Administre oxígeno y transpórtelo de urgencia.

FUNCIONES DE LA PIEL


FUNCIONES DE LA PIEL

El principal órgano regulador de la temperatura es la piel.  Los vasos sanguíneos de la piel se constriñen cuando el cuerpo está en frio, o se dilatan cuando está en ambiente caliente.  En un ambiente frio,  la constricción de los vasos sanguíneos desvía a sangre, alejándola de la piel, para disminuir la cantidad de calor irradiado de la superficie corporal.

Cuando el ambiente exterior es caliente, los vasos se dilatan, la piel se vuelve rubicunda o roja y se irradia calor de la superficie corporal.

Además, en el ambiente cálido, las glándulas sudoríparas secretan sudor a la superficie de la piel; la evaporación  del sudor requiere de energía la cual,  es tomándola del cuerpo como calor corporal en el proceso de evaporación, lo que hace que la temperatura del cuerpo baje.

La traspiración sola no reduce la temperatura corporal, pues debe producirse también evaporación del sudor.

La información sobre el ambiente es enviada al encéfalo por un rico abastecimiento de nervios sensitivos que se origina en la piel.    Las terminaciones nerviosas que están situadas en la piel, están adaptadas para recibir y transmitir información sobre calor, frio, presión externa y posición del cuerpo en el espacio; la piel reconoce así, cualquier cambio  en el ambiente.  La piel reacciona también a la presión, el dolor, y los estímulos placenteros.

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